domingo, 23 de marzo de 2014

DOWNTOWN

PERDIDO ENTRE LOS ‘COLLEGES’ 


Ha terminado mi primera semana en Oxford y no se me ha podido pasar más rápido. Después de mi día de presentación, me incorporé a las clases correspondientes a mi nivel (especiales para preparar el Certificated Advanced English, CAE) en las que conocí a más gente de la escuela. Sólo somos diez en clase, por lo tanto es muy fácil conocer a tus compañeros y relacionarte mejor con los profesores. Al finalizar las clases del primer día, no dudé en perderme por la calles de Oxford para descubrir la ciudad. Conseguí encontrar rápidamente la zona de los famosos ‘colleges’, residencias universitarias para los estudiantes de aquí. Pasear entre estos edificios hace sentirte como en una película, y el aire universitario que se respira es simplemente espectacular. El color amarillento de las rocas con las que están construidos los edificios me hipnotizó, y no me importó mojar mis zapatos con los charcos de las calles adoquinadas. Estaba convencido de que las paredes de aquellas construcciones guardaban miles de secretos y habían sido testigos de numerosos acontecimientos históricos y culturales. Me colé por una de las enormes puertas de doble hoja que daban a la calle y entré en el maravilloso patio del Exeter College, lugar donde residió el famoso escritor J.R.R Tolkien durante su época de estudiante. Más adelante me topé con el que es mi edificio famoso en Oxford: The Radcliffe Camera. De planta circular, culmina con una enorme y grisácea cúpula y parece dominar a las construcciones de sus alrededores. Continué mi camino atravesando los pórticos de la Boldeian Library y llegué al Bridge of Sighs, una especie de pasadizo que conecta dos edificios del campus. Intuía que visitaría la zona de los colleges muy a menudo por su misterioso magnetismo…

Más tarde me pasé por Poundland, un supermercado en el que todos sus artículos se venden a una libra. Comprar cualquier cosa de la tienda por una libra es tan adictivo que salí de allí bastante cargado con “menaje del hogar”, y volví con mis compañeros de piso a casa.

EL ANCIANO DE BLACKWELL’S 

Al día siguiente decidí proponerles a mis amigos novatos enseñarles la zona que había descubierto el día anterior. Llovía un poco, así que saqué de la mochila el paraguas que había comprado en Poundland la tarde anterior. Nada más desplegarlo, se dio la vuelta por el fuerte viento que soplaba y se rompió un alambre. Ahí residía el secreto de los artículos tan baratos de aquella tienda. Les guié por los sitios que me habían fascinado el día anterior y llegamos a la famosa librería de Blackwell, una de las más antiguas del mundo. En la entrada, un hombre de unos 80 años animaba a la clientela para hacer un tour gratuito por la librería. Mis amigos aceptaron y yo les dije que me esperaran unos minutos. Tenía pensado comprar unos libros de ejercicios del CAE, así que me adentré en la tienda a buscarlos. Pregunté a un dependiente y me sugirió que los buscara en el piso de abajo, así que bajé unas escaleras y me encontré con la principal razón de la fama de aquella librería. Aquel sótano de gran extensión albergaba un gran número de estanterías repletas de libros de cualquier especialidad: medicina, ingeniería, teología, matemáticas, literatura, historia, biología… Todos ellos perfectamente ordenados e iluminados por una tenue luz. Comencé a buscar mis libros y di varias vueltas a la enorme sala, pero tuve que preguntar a un segundo encargado por ellos. Me explicó que debía buscar en el primer piso, por lo tanto tuve que volver a subir. Cuando los encontré, no sabía con cuál quedarme. Mientras ojeaba todos ellos pensé en el anciano de la entrada y su tour, el cual debería haber empezado un minuto antes. Como si me hubiera leído la mente, la megafonía de la librería comenzó a hablarme: IGNASIOU, please, your friends are waiting for you and the tour is almost beginning”. Me quedé con dos de los libros y bajé rápidamente al punto de partida. El anciano me sonrió y comenzó su actuación. Nos explicó cómo había transcurrido la fundación de la librería. El señor Blackwell abrió su pequeña tienda de tan solo diez metros cuadrados en un lugar clave de la ciudad, rodeado por la universidad y las residencias de estudiantes. No tardó en ampliarse y adquirir un gran prestigio nacional y posteriormente internacional. El hombre nos guió por un pasadizo de la tienda y subimos unas estrechas escaleras de caracol. Pulsó un código en un teclado y se abrió la puerta del despacho de Mr. Blackwells, una pequeña habitación con vistas a High Street que conservaba todos los muebles y artilugios de la época. Encima del hogar de la chimenea, descansaba inmortalizado en un retrato al óleo el fundador de la tienda, vigilando todas sus pertenencias. Tomamos asiento y el hombre terminó el tour invitándonos a tomar algo en la cafetería del primer piso. 

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