viernes, 23 de mayo de 2014

Cap. IV: CHÉRIE


Dominic y yo atravesamos Bambury Road desde el Ashmolean y nos adentramos en la cafetería del Old Parsonage Hotel, donde habíamos quedado con mi mujer Julia para ponerle al día de las novedades del asunto. Julia nos esperaba tomando un té , apunto de terminar una porción de Victoria Sponge, un delicioso bizcocho con queso ricotta y fresa. Noté a mi mujer todavía impactada y dolorida. 

“Hola… ¿Tenéis novedades?”
“La historia se ha complicado. Pero antes de impresionarte con nuestros nuevos hallazgos, necesito una taza de té”.
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Mi mujer y yo volvimos a casa dando un paseo por Cornmarket Street.  Era de noche, y grandes grupos de jóvenes universitarios hacían cola en los pubs más famosos de la ciudad. Algún adolescente ebrio nos reconoció.

“¡Mirad! Horacio Middlehorn y su mujer!”

No pude evitar reirme, sin embargo a mi mujer no le hizo ninguna gracia. Los jóvenes no se preocupaban ni siquiera por el nombre del representante político de su ciudad. Aunque al menos me habían reconocido.

Aquella noche no pude dormir dándole vueltas al hallazgo de las cartas anónimas. 
El análisis de aquellas misivas debería dirigirnos directamente al responsable del crimen. El objetivo del asesino era sin duda traer la Oxford Fashion Week al Ashmolean para hacerse con el valioso diamante, costara lo que costara. Consiguió conocer a Marina Ivanov y mantener un romance con ella, insistiéndole a la modelo para que lo mantuviera en un secreto absoluto. Más tarde se encargaría de persuadir al director del museo y a Valentina Cinquemani para que el evento viera la luz en el lugar y momento adecuado. Para ello, donó de forma anónima una cantidad millonaria a ambas partes. En cuanto conoció que Marina luciría el diamante en el desfile, quedó con ella en la terraza del restaurante, un lugar tranquilo y discreto, para reencontrarse secretamente tras varios meses sin verse. Sin embargo, Marina se encontraría con la muerte.

Todavía no habíamos encontrado el arma homicida. El informe del departamento de balística de la policia no tardaría en llegar, así que tendríamos en breve nuevos detalles de la pistola que se utilizó para asesinar a la top model.

En aquel momento tomé una decisión. 

Me levante sin hacer ruido para no despertar a Julia y me deslicé por el pasillo hasta mi despacho. Abrí un enorme armario y me encontré la colección de llaves de los edificios públicos de la ciudad. Como alcalde, tenía el derecho de poseerlas. Se trataba más bien de un gesto, nunca se me había ocurrido utilizar ninguna de estas llaves antes. No obstante, aquella noche debía investigar el Ashmolean por mi cuenta, sin que ningún inspector de policía me obstaculizara el paso. 
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Llegué al Ashmolean esquivando los charcos que la lluvia había dejado a lo largo del día. El edificio estaba tenuemente iluminado con unos focos anaranjados situados en la explanada exterior. Miré hacia el Randolph Hotel, en la acera de enfrente. Alguna de las habitaciones permanecían con la luz encendida a pesar de lo tarde que era.
Atravesé el patio y busqué en mi bolsillo el “llavero del alcalde”. Me acerqué a una pequeña puerta de cristal situada al lado de la gran puerta giratoria y la abrí con una llave dorada. Entre en el hall del museo sigilosamente. La única iluminación del interior era la de la luz de emergencia, así que saqué del bolsillo la linterna que había traído de casa para guiarme en la oscuridad. Dirigí el haz de luz hacia la “Galería de las Estatuas”. Avancé rápidamente sin mirar hacia atrás. Tenía la sensación de que los bustos grecorromanos de aquella sala me estaban mirando y aquello me aterraba. Me adentré en el camerino del equipo de Cinquemani. Todo seguía igual que aquella tarde. Tanteé la pared para buscar el interruptor de la luz. Las bombillas del gran espejo de la habitación parpadearon para luego encenderse. Apagué la linterna y me senté en una silla plegable. Eché un rápido vistazo a la habitación y encontré la carpeta del Inspector Pharrell encima de una mesilla. Estoy seguro de que nunca imaginó que alguien podría entrar en mitad de la noche en el museo para ojear sus anotaciones.

Abrí la carpeta y encontré la foto de Marina con el diamante, los sobres del anónimo y las anotaciones de Pharrell. Sin embargo, en la carpeta había algo más que el inspector no se había molestado en desvelar aquella tarde.

Escuché un ruido procedente de la Galería. Apagué la luz de la habitación y corrí para abrir una puerta de emergencia al fondo del camerino y esconderme. Todo estaba a oscuras, pero no encendí la linterna para no ser descubierto. Alguién entró en el backstage. Oí pasos y el chasquido de las luces al encenderse. La persona que había entrado en el camerino comenzó a abrir los cajones de la habitación haciendo mucho ruido. Removió todos los objetos del tocador y arrastró las sillas. El corazón me iba a estallar. Recé para que no se le ocurriera abrir la puerta de emergencia. Dos minutos más tarde escuché otra vez el chasquido de las bombillas apagándose. 

No me atreví a salir por el camerino con el temor de ser descubierto. No tenía ninguna excusa para estar ahí. Por otro lado, pensé que el asesino podría haber irrumpido en el camerino para destruir alguna prueba.

Temblando, encendí la linterna para iluminar el objeto que escondía Pharrell en la carpeta. Se trataba de un pequeño paquete. Seguidamente, lo desenvolví.

“¿Una alianza?”

Se trataba del anillo de boda de la joven pareja. Sin embargo, lo interesante de este descubrimiento era el envoltorio. En el papel arrugado, una nota dirigida a la modelo provocó mi sorpresa.

Espérame en la azotea del museo tras el desfile. Donde nos vimos ayer. El restaurante estará cerrado, por lo que tendrás que acceder por las escaleras de emergencia de tu camerino. Buena suerte, chérie.
Jean Louis

Jean Louis Chevalier era el autor de aquella nota. El rubio francés había quedado con su novia tras el desfile en el lugar del crimen, lo que significaba que él era el principal sospechoso. Temí que se hubiera fugado con el diamante, pues no le había visto desde el cóctel. También temí que él fuera la persona que había entrado en el camerino minutos antes. Puso patas arriba todo el mobiliario para recuperar la prueba que le situaba automáticamente en el punto de mira de la policía.

Tenía que salir de allí cuanto antes.

Apunté con la linterna hacia el frente. Las escaleras de emergencia del Ashmolean Museum ascendían hasta desaparecer en una profunda oscuridad.


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Subí rapidamente las escaleras iluminando los escalones para no tropezar. A medida que avanzaba por los escalones, las luces se iban encendiendo gracias a los sensores de movimiento situados en los rellanos. Comencé a sudar. Llegué al cuarto piso jadeando. Este rellano era más grande que los anteriores debido a que albergaba no solo la entrada al restaurante, también los servicios. Me había manchado las manos con el pasamanos de las escaleras, por lo que decidí entrar en el servicio de caballeros para lavarme. Automáticamente se encendieron las luces. Nadie había entrado en los servicios desde el día desde el día del evento, pues el Museo permaneció cerrado todo el día. Secándome las manos, reparé en que la superficie negra del lavabo no estaba limpia. Con la yema del dedo recorrí la cerámica oscura. En mi dedo se amontonaba una capa de polvo blanco. Me acerqué el dedo a la nariz para olisquear la sustancia.

“Cocaína”

Acercándome más, observé la encimera y seguí el sendero de polvo con la vista. Llevaba directamente a la papelera. Pisé la palanca y la tapa del cubo metálico se levantó. El objeto que se encontraba al fondo rompió en mil pedazos todos mis esquemas. Antes de que pudiera asumir el descubrimiento, el pomo de la puerta comenzó a girar. 

Era el fin, Jean Louis me había encontrado.

Sin embargo, cuando la puerta se terminó de abrir no me encontré con el hombre rubio. Mi mujer Julia, la “Primera Dama” de Oxford, me miraba con expresión de sorpresa. 


“Por fin te encuentro, Octavio. Me he dado un buen susto cuando no te he encontrado en el otro lado de la cama. ¡Menos mal que me he encontrado a alguien al llegar al Museo que me ha abierto la puerta!”

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